El impacto psicológico, los conflictos por la custodia y el estigma social afectan especialmente a niños y adolescentes que deben reconstruir su vida tras la violencia extrema.
El feminicidio no concluye con la muerte de una mujer. Sus consecuencias se proyectan en el tiempo y atraviesan a todo el entorno familiar, dejando marcas emocionales, sociales y legales difíciles de sanar. En el centro de esta tragedia suelen quedar los hijos, quienes enfrentan no solo la pérdida irreparable de su madre, sino también una reconfiguración abrupta de su mundo cotidiano, muchas veces marcada por disputas entre familiares, incertidumbre y silencios dolorosos.
La psicóloga Jazmín Segovia explicó que la adaptación a esta nueva realidad es uno de los procesos más complejos que puede atravesar una familia. “La pérdida de un ser querido en un contexto de violencia genera un impacto traumático para el que nadie está preparado. No se trata solo del duelo, sino de la forma en que ocurrió y de todo lo que queda sin respuestas”, señaló.
Disputas familiares y fragilidad emocional
Según la especialista, tras un feminicidio es frecuente que surjan conflictos entre los adultos responsables sobre quién debe asumir la custodia de los niños. Estas discusiones, lejos de resolverse rápidamente, pueden prolongarse y exponer a los menores a tensiones constantes. “En muchos casos, los chicos quedan en el medio de peleas familiares que los desestabilizan aún más. El entorno, que debería ser protector, se vuelve incierto”, advirtió.
Segovia remarcó que los adultos, atravesados por su propio dolor, no siempre cuentan con las herramientas emocionales necesarias para acompañar adecuadamente a los niños. La falta de contención, de escucha activa y de límites claros puede profundizar el daño psicológico y generar sentimientos de abandono, culpa o confusión.
El peso del estigma y la vergüenza social
Uno de los aspectos menos visibles, pero más dañinos, es el impacto del entorno social. “Un detalle muy importante es qué va a decir la gente. Como niño, aparece la vergüenza, el miedo a ser señalado o a que se hable de su familia”, explicó la psicóloga. Este temor suele manifestarse con mayor fuerza en la escuela, donde los menores pueden evitar socializar, aislarse o incluso presentar cambios en su conducta y rendimiento académico.
El silencio, muchas veces adoptado como mecanismo de protección, puede convertirse en un obstáculo para la elaboración del trauma. Segovia sostuvo que ocultar lo ocurrido o evitar hablar del tema no elimina el dolor, sino que lo desplaza y lo vuelve más difícil de procesar a largo plazo.
La importancia de un acompañamiento integral
La profesional enfatizó que el abordaje de estos casos debe ser integral y sostenido. “Es clave el trabajo en equipo: la familia, los profesionales de la salud mental, la institución educativa y el sistema de justicia deben actuar de manera coordinada”, afirmó. Este acompañamiento no solo ayuda a los niños a transitar el duelo, sino que también brinda a los adultos herramientas para ejercer un rol protector y estable.
Segovia alertó que las consecuencias del feminicidio pueden extenderse hasta la adultez si no se interviene a tiempo. “El impacto no es solo emocional. Puede afectar el amor propio, la forma de vincularse y la percepción de seguridad en el mundo. Un niño que no recibe apoyo adecuado puede cargar con estas heridas durante años”, sostuvo.
Reconstruir desde el cuidado y la empatía
Ante este escenario, la especialista insistió en la necesidad de priorizar el bienestar de los menores por sobre cualquier disputa. La contención profesional especializada en trauma, el acompañamiento escolar y un entorno familiar empático y coherente son pilares fundamentales para iniciar un proceso de reconstrucción.
“El dolor no desaparece, pero puede transformarse cuando hay apoyo, comprensión y espacios seguros para expresar lo que se siente”, concluyó Segovia, subrayando que atender las consecuencias del feminicidio es una responsabilidad colectiva que va más allá del ámbito familiar y exige una respuesta comprometida de toda la sociedad.
Fonte: Paraguay.com

