El pediatra Robert Núñez relató recientemente una situación que generó gran preocupación y que sirve como advertencia para muchas familias que confían el cuidado de sus hijos a terceras personas.
El profesional contó que durante una consulta médica descubrió que uno de sus pacientes, un niño de 8 años, estaba siendo víctima de maltrato por parte de su niñera, una situación que además ya comenzaba a tener consecuencias físicas y emocionales.
Según explicó Núñez, el menor acudió al consultorio acompañado por uno de sus padres y desde el inicio llamó su atención el estado de nerviosismo que presentaba el niño. Ante esta situación, el pediatra decidió solicitar a los padres que aguardaran fuera del consultorio por unos minutos para poder conversar con el paciente en un ambiente de mayor confianza.
“Muchas veces, cuando el niño se siente en confianza, puede contar cosas que no logra decir frente a sus padres”, explicó el médico, destacando la importancia de generar espacios donde los menores puedan expresarse libremente.
El relato del niño
Durante la conversación, el niño reveló una situación que había mantenido en silencio durante años. Contó que desde los 3 años era cuidado por una niñera que utilizaba un particular “método” para obligarlo a dormir cuando él no quería acostarse.
De acuerdo con el relato del menor, la mujer solía tirarle del cabello para forzarlo a quedarse en la cama. Este comportamiento le generaba un fuerte dolor y, con el paso del tiempo, derivó en frecuentes dolores de cabeza.
El niño también confesó que, para evitar nuevos episodios de maltrato, había aprendido a fingir que estaba dormido, aun cuando no lo estaba. De esta manera intentaba evitar los tirones de cabello que se producían cuando se resistía a dormir.
Núñez explicó que el menor nunca se había animado a contar lo que ocurría por miedo a las represalias de la niñera. Además, sus padres desconocían completamente la situación, ya que el niño no había encontrado hasta ese momento un espacio seguro para hablar sobre lo que estaba viviendo.
Consecuencias físicas y emocionales
El pediatra indicó que este tipo de situaciones no solo afecta emocionalmente a los niños, sino que también puede tener consecuencias físicas, como en este caso, donde el menor presentaba dolores de cabeza recurrentes producto de los tirones de cabello.
Además, el profesional advirtió que el miedo, la ansiedad y el estrés que generan estos episodios pueden afectar el bienestar general del niño y su desarrollo emocional.
Por ello, remarcó la importancia de que los padres estén atentos a cambios en el comportamiento de sus hijos, como nerviosismo, miedo excesivo, dolores físicos frecuentes o actitudes inusuales, ya que muchas veces pueden ser señales de que algo no está bien.
Recomendaciones para los padres
A partir de esta experiencia, Núñez compartió una serie de recomendaciones dirigidas a los padres que deben dejar a sus hijos al cuidado de otras personas.
En primer lugar, aconsejó no confiar “ciegamente” en quienes quedan a cargo del cuidado de los niños. Si bien muchas familias recurren a niñeras, cuidadores o incluso familiares por necesidad laboral, es fundamental tomar precauciones y conocer bien a la persona responsable.
Entre las medidas sugeridas, el pediatra mencionó la importancia de solicitar referencias laborales antes de contratar a alguien para el cuidado de los menores. También recomendó hablar directamente con antiguos empleadores para conocer la experiencia previa de la persona y su desempeño.
Asimismo, señaló que, de acuerdo con las posibilidades de cada familia, puede ser útil instalar cámaras de seguridad dentro del hogar. Esta herramienta permite supervisar el cuidado de los niños y puede ayudar a prevenir situaciones de maltrato o negligencia.
La comunicación con los hijos, la clave principal
Más allá de todas las medidas de control y prevención, el pediatra enfatizó que el aspecto más importante es mantener una comunicación constante con los hijos.
Según explicó, conversar diariamente con los niños y crear un ambiente de confianza permite que ellos se sientan seguros para contar cualquier situación que los incomode o los haga sentir mal.
El profesional recomendó que los padres enseñen a sus hijos que pueden hablar abiertamente sobre lo que sucede cuando están con otras personas y que siempre serán escuchados y protegidos.
“Ser cuidadosos con las personas a quienes confiamos el cuidado de nuestros hijos no es exagerar. Es protegerlos”, concluyó Núñez, insistiendo en la necesidad de que las familias permanezcan atentas y prioricen siempre el bienestar y la seguridad de los menores.
Fonte: Paraguay.com

