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terça-feira, 1 de setembro, 2026

La llegada de los peluches con IA: ¿compañeros emocionales o estimuladores de la intolerancia?

Conversan, recuerdan lo que les cuentan y están disponibles cada vez que un niño o niña quiere hablar. Son peluches, muñecos y pequeños robots que incorporan la inteligencia artificial para convertirse en una suerte de “amigo” siempre disponible. Sin embargo, especialistas ponen el foco en el carácter complaciente que pueden tener estas interacciones.

La fantasía de que un juguete cobre vida, que ha acompañado a varias generaciones y conquistó el corazón de miles de personas mediante las versiones de películas como “Toy Story”, finalmente empieza a tomar forma real.

Así, en países como China, especialmente, aparecen peluches que funcionan conectado a WiFi y utilizan inteligencia artificial de ChatGPT y Gemini. Estan recomendados para niños de 3 a 12 años y se promociona para acompañarlos mientras duermen, aprenden o juegan. Además, tienen 16 personajes distintos con los que conversar y una aplicación desde la que los padres pueden recibir informes sobre su uso.

La compañía fabricante, asegura que estos robots de peluche con IA y conexión WiFi son descritos directamente como “compañeros emocionales” para niños. Es decir, ya no hablamos de un juguete que repite “te quiero” cuando alguien le aprieta una mano. Estos nuevos peluches escuchan lo que un niño dice, procesan esa información a través de un modelo de inteligencia artificial y elaboran una respuesta.

Dependiendo de su personalidad, un niño o niña puede contarle a su juguete —o a quien considera su “mejor amigo”— qué hizo en el colegio, con quién jugó, qué cosas le gustan o qué le preocupa. La diferencia es que, con estos peluches, al otro lado siempre habrá una respuesta. La inteligencia artificial no tiene sueño, no se aburre de escuchar la misma historia ni tiene que irse a su casa. Está ahí cada vez que el niño quiera hablar.

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Demasiada complacencia no es buena, según profesionales en psicología infantil
Sin embargo, esa disponibilidad tan amplia por parte de estos juguetes, es una de las cosas que preocupan a los especialistas como psicólogos infantiles, quienes aseguran que demasiada complacencia por parte de un “escucha” puede ser perjudicial para los más pequeños.

De hecho, explican que con un “mejor amigo” juguete, un niño no va a desarrollar la tolerancia a la frustración y va a tener una necesidad de gratificación inmediata, porque es un ser que está siempre disponible.

Por ejemplo, en una amistad, un niño o niña no solo necesita que el otro lo entienda. También tiene que aprender a esperar, ceder, interpretar lo que le pasa, tolerar que no quiera jugar o aceptar que piense distinto.

Con una máquina, buena parte de esa negociación desaparece. Lo más complejo es que esto empieza a influir muchísimo en no desarrollar la empatía, porque, si bien esta máquina entiende y se pone en lugar del niño/a, él o ella tiene que hacer lo mismo por ella.

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“Si el juguete ofrece respuestas y soluciones, las habilidades de resolución de problemas y desarrollo del pensamiento crítico del niño se pueden afectar”, es otra explicación que ofrecen los profesionales. Esto, explica, se debe a que habitualmente la respuesta del juguete IA es automatizada y complaciente, por lo que limita al niño enfrentarse a las diversas emociones de quienes nos rodean.

Cómo perciben los niños entre seres vivos y objetos inanimados
Vale mencionar que hasta los 2 años de edad, los niños aún no tienen la capacidad de distinguir entre seres vivos y objetos inanimados, y hasta los 4, pueden atribuirles cualidades humanas y emociones a los juguetes.

Entre los 4 y los 6 años, los niños pueden tener una distinción más clara entre seres vivos y juguetes con IA y, a partir de los 6 años, desarrollan la capacidad de reconocer que los juguetes tecnológicos son interactivos, pero no son seres vivos.

La distinción entre un juguete con IA y un ser vivo se desarrolla gradualmente desde la primera infancia hasta una percepción más real después de los 6 a 8 años”.