El año 2026 comenzó de manera trágica para Paraguay. En apenas las primeras semanas de enero, el país ya registra una seguidilla de feminicidios que genera profunda preocupación en la ciudadanía, las autoridades y las organizaciones de derechos humanos.
Las cifras preliminares revelan que la violencia extrema contra las mujeres no solo persiste, sino que mantiene un ritmo alarmante, dejando al descubierto falencias estructurales en los sistemas de prevención, protección y justicia.
Un inicio de año marcado por la violencia
Según reportes oficiales y registros del Ministerio Público, hasta mediados de enero de 2026 ya se confirmaron al menos seis casos de feminicidio en distintos puntos del país. Este número resulta especialmente preocupante si se compara con años anteriores, donde el promedio para el primer mes del año solía ser inferior.
Los crímenes ocurrieron tanto en zonas urbanas como periurbanas, y en la mayoría de los casos los agresores eran parejas o exparejas de las víctimas, un patrón que se repite año tras año y que evidencia que el hogar continúa siendo uno de los espacios más peligrosos para muchas mujeres.
Las estadísticas del cierre de 2025 ya advertían un escenario crítico: más de 35 feminicidios registrados en el año, decenas de tentativas y numerosos niños, niñas y adolescentes que quedaron huérfanos, arrastrando secuelas emocionales y sociales profundas.
Casos recientes que estremecieron al país
Entre los hechos que marcaron este inicio de año se encuentran casos ocurridos en el Departamento Central y en el interior del país, algunos de ellos con extrema violencia y con presencia de menores de edad como testigos o víctimas colaterales.
Las investigaciones preliminares indican que varias de las víctimas ya habían denunciado situaciones de violencia previa, contaban con antecedentes de agresión o se encontraban en procesos de separación, uno de los momentos de mayor riesgo según especialistas.
Alerta institucional y preocupación oficial
Desde el Ministerio de la Mujer y el Ministerio Público reconocieron públicamente la gravedad del escenario. Autoridades señalaron que la reiteración de los casos obliga a reforzar los mecanismos de respuesta inmediata, así como a revisar el cumplimiento efectivo de las medidas de protección dictadas por la Justicia.
A pesar de la existencia de la Ley N.º 5777/16 de Protección Integral a las Mujeres, los feminicidios continúan ocurriendo, lo que plantea interrogantes sobre la aplicación real de la normativa, la capacidad de seguimiento de los casos y el acceso efectivo de las víctimas a redes de contención.
“El feminicidio es el último eslabón de una cadena de violencias”
Lic. María González
Para profundizar el análisis, conversamos con la psicóloga clínica y especialista en violencia de género, Lic. María González, quien trabaja desde hace más de 15 años en el acompañamiento a mujeres víctimas de violencia.
¿Qué nos dicen estas cifras sobre la realidad del país?
“Nos muestran que el feminicidio no es un hecho aislado ni repentino. Es el resultado de una escalada de violencias que comienza muchas veces con el control, los celos, la violencia psicológica y económica, y que, si no se interviene a tiempo, puede terminar en un desenlace fatal”.
¿Por qué los primeros meses del año suelen ser críticos?
“Enero es un mes complejo. Se combinan factores como consumo excesivo de alcohol, tensiones económicas, rupturas de pareja y una menor presencia institucional por el receso. Todo eso aumenta el riesgo para mujeres que ya estaban en situación de vulnerabilidad”.
¿Qué falla en el sistema de protección?
“No alcanza con que existan leyes. Muchas mujeres denuncian, pero luego no hay seguimiento, o las medidas no se controlan. También hay miedo, dependencia económica y presión social que las obliga a volver con su agresor”.
¿Qué mensaje es clave para la sociedad?
“La violencia de género no es un problema privado. Es una responsabilidad colectiva. Escuchar, creer y acompañar puede salvar vidas”.
Un problema estructural que va más allá de lo penal
Especialistas coinciden en que la respuesta no puede limitarse al castigo posterior, sino que debe incluir prevención, educación emocional, detección temprana y abordaje integral desde la salud, la educación y la comunidad.
El feminicidio deja consecuencias que trascienden a la víctima: familias destruidas, niños huérfanos, comunidades marcadas por el dolor y un Estado que enfrenta el desafío de actuar antes de que sea demasiado tarde.
Líneas de ayuda y prevención
Las autoridades recuerdan que existen líneas gratuitas y confidenciales para mujeres en situación de violencia, disponibles las 24 horas, así como centros de atención del Ministerio de la Mujer en todo el país.
Fonte: Paraguay.com

