En Paraguay, miles de niñas y adolescentes figuran oficialmente con un estado civil antes de alcanzar la mayoría de edad. De acuerdo con datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, al menos 10.370 menores de entre 11 y 17 años están registradas como casadas, unidas, separadas, divorciadas o incluso viudas.
Más de 10.000 menores aparecen con estado civil en el país
En Paraguay, miles de niñas y adolescentes figuran oficialmente con un estado civil antes de alcanzar la mayoría de edad. De acuerdo con datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, al menos 10.370 menores de entre 11 y 17 años están registradas como casadas, unidas, separadas, divorciadas o incluso viudas.
La cifra expone una problemática persistente en el país: las uniones y matrimonios tempranos, situaciones que diversas organizaciones consideran una vulneración de derechos que limita el desarrollo educativo, social y económico de niñas y adolescentes.
Los registros oficiales revelan una realidad que durante años se mantuvo invisibilizada o normalizada en distintos sectores de la sociedad. Para especialistas en derechos de la niñez, el hecho de que menores aparezcan en estadísticas oficiales con estado civil refleja condiciones estructurales vinculadas a pobreza, desigualdad y violencia de género.
Intervención urbana para visibilizar la problemática
Ante este escenario, la organización Plan Internacional Paraguay lanzó la campaña “Adolescencia comprometida”, una iniciativa destinada a generar debate público sobre el matrimonio y las uniones en edades tempranas.
Como parte de la acción, la organización realizó una intervención simbólica en el Mercado 4 de Asunción, uno de los centros comerciales más concurridos del país. En la vidriera de una conocida tienda fue colocado un vestido de novia, una imagen que buscó provocar reflexión entre quienes transitaban por la zona.
La escena generó un fuerte contraste: el símbolo tradicional del matrimonio frente a la etapa de la adolescencia, que debería estar marcada por la educación, el desarrollo personal y la construcción de proyectos de vida.
Desde la organización señalaron que el objetivo de la intervención fue romper la normalización social de estas uniones y abrir el debate sobre la necesidad de revisar la legislación vigente.
Una legislación que todavía permite el matrimonio adolescente
Uno de los puntos más cuestionados por organizaciones sociales es el marco legal que regula el matrimonio en Paraguay.
El Código Civil paraguayo (Ley Nº 1/92) establece en su artículo 20 que los adolescentes pueden contraer matrimonio a partir de los 16 años, siempre que exista autorización de padres, tutores o de un juez.
Para organizaciones de defensa de los derechos de la niñez, esta disposición deja abierta la puerta a matrimonios o uniones en edades tempranas que pueden afectar el desarrollo integral de las adolescentes.
La representante país de Plan Internacional Paraguay, Noelia Errecarte, cuestionó la permanencia de esta normativa.
“Una adolescente de 16 años no debería estar pensando en elegir un vestido de novia. A esa edad debería estar terminando la escuela, jugando, descubriendo sus intereses y viviendo plenamente su adolescencia”, expresó.
Errecarte también advirtió que las uniones tempranas suelen perpetuar ciclos de pobreza y desigualdad, además de exponer a las adolescentes a entornos donde se reproducen diferentes formas de violencia.
Datos que revelan una problemática estructural
Otras organizaciones también han puesto el foco en el impacto de este fenómeno.
La Coordinadora por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (CDIA) alertó que 10.371 niñas y adolescentes aparecen registradas como casadas o en unión, según cifras del último censo nacional y otras fuentes oficiales.
Además, el informe señala otro dato preocupante: 6.130 niñas de entre 10 y 17 años ya han dado a luz al menos una vez.
Para especialistas, el embarazo adolescente suele estar estrechamente relacionado con las uniones tempranas, ya que muchas veces estas relaciones se consolidan luego de un embarazo.
Con motivo del Día Internacional de la Niña, la CDIA publicó un boletín estadístico —difundido también por la agencia internacional EFE— que describe la situación como “una radiografía alarmante sobre las condiciones de vida de las niñas y adolescentes en Paraguay”.
El informe detalla que 1.215 niñas de entre 10 y 17 años figuran como “casadas” en los registros censales. Según la organización, este dato resulta especialmente preocupante porque podría implicar el reconocimiento formal de estas uniones por parte de autoridades judiciales.
A esto se suman 8.840 adolescentes de entre 11 y 17 años que se encuentran en uniones tempranas o forzadas, lo que evidencia que el fenómeno no es aislado, sino parte de una problemática estructural en el país.
Impacto en la educación y el proyecto de vida
Diversos estudios señalan que las niñas que se casan o inician una convivencia temprana tienen mayores probabilidades de abandonar la escuela, lo que reduce significativamente sus oportunidades laborales y económicas en la adultez.
Además, estas adolescentes suelen enfrentar mayores riesgos de violencia doméstica, dependencia económica y embarazos repetidos a temprana edad.
Las organizaciones sociales advierten que estas situaciones generan un círculo difícil de romper: la falta de educación limita el acceso a empleo digno, lo que a su vez perpetúa las condiciones de pobreza.
Por esta razón, especialistas insisten en que la prevención de las uniones infantiles es una medida clave para promover la igualdad de género y el desarrollo social.
La situación en América Latina
El problema no es exclusivo de Paraguay. América Latina y el Caribe figuran entre las regiones con mayores tasas de matrimonio y uniones infantiles en el mundo, solo por detrás de África subsahariana.
Según informes de organismos internacionales como UNICEF y ONU Mujeres, una de cada cuatro mujeres en la región se casó o inició una unión antes de cumplir los 18 años.
En varios países latinoamericanos, aunque el matrimonio infantil ha sido prohibido por ley en los últimos años, las uniones informales continúan siendo frecuentes, especialmente en contextos de pobreza y desigualdad.
Países como Nicaragua, República Dominicana, Honduras y Brasil registran algunas de las tasas más altas de la región.
Especialistas señalan que en América Latina el fenómeno tiene características particulares: muchas de estas relaciones no se formalizan mediante matrimonio, sino que se dan como convivencias o uniones de hecho, lo que dificulta su registro y control.
Además, factores como embarazo adolescente, desigualdad económica, violencia de género y normas culturales contribuyen a que estas prácticas continúen reproduciéndose.
Un debate pendiente en Paraguay
Organizaciones de la sociedad civil consideran que los datos del censo representan una señal de alerta que debe impulsar cambios legislativos y políticas públicas más firmes para proteger a niñas y adolescentes.
Entre las propuestas planteadas se encuentran elevar la edad mínima para contraer matrimonio sin excepciones, fortalecer programas de prevención del embarazo adolescente y ampliar el acceso a educación sexual integral.
También destacan la importancia de generar conciencia social, ya que en muchas comunidades estas uniones siguen siendo vistas como algo normal o inevitable.
Para activistas y especialistas, el desafío es claro, garantizar que las niñas puedan vivir plenamente su infancia y adolescencia, sin verse obligadas a asumir responsabilidades propias de la vida adulta antes de tiempo.
Fonte: Paraguay.com

