Para una gran parte de la población, el final de las vacaciones no trae alivio ni energía renovada, sino una sensación de agotamiento, fastidio y dificultad para retomar la rutina. Aunque el cuerpo haya descansado, la mente parece llegar aún más cargada. Esta experiencia, cada vez más frecuente, tiene una explicación que va más allá del cansancio físico.
El psicólogo clínico Alfred Pajés sostiene que este fenómeno responde, en la mayoría de los casos, a un desgaste mental acumulado. “Muchas personas creen que descansar es solo dejar de trabajar, pero el cerebro no se recupera automáticamente por cambiar de escenario. Si la mente sigue exigida, el cansancio persiste”, explica.
Vacaciones que no desconectan
Durante el año, el cerebro funciona en modo de exigencia constante: horarios, responsabilidades, problemas, decisiones y presión social. Las vacaciones deberían ser el espacio para bajar esa carga, pero en la práctica ocurre lo contrario. Viajes cronometrados, largas horas al volante, organización familiar, gastos económicos y una agenda llena de actividades generan un nivel de estrés similar —o incluso mayor— al de la rutina laboral.
“Hoy muchas vacaciones se parecen más a un proyecto que a un descanso. Hay que cumplir expectativas, sacar fotos, compartir en redes y aprovechar cada momento. Todo eso mantiene a la mente en estado de alerta”, señala Pajés.
La hiperconectividad, un enemigo del descanso
Uno de los principales obstáculos para el descanso mental es la imposibilidad de desconectarse. El uso permanente del celular, las notificaciones laborales, los correos y las redes sociales impiden que el cerebro entre en un verdadero estado de pausa.
“El cerebro necesita momentos de aburrimiento, silencio y calma para recuperarse. Si seguimos expuestos a estímulos todo el tiempo, aunque estemos en la playa o de viaje, no hay descanso real”, advierte el especialista.
El peso de las expectativas
Otro factor clave es la idealización de las vacaciones. Muchas personas depositan en esos días la esperanza de compensar meses de estrés, cansancio y postergaciones personales. Cuando ese alivio no llega, aparece la frustración.
“Esperamos volver felices, motivados y con energía. Cuando eso no sucede, el contraste con la rutina se vive como un golpe emocional”, explica Pajés. Este choque suele derivar en el llamado estrés postvacacional, un cuadro que puede incluir irritabilidad, desánimo, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño y cansancio persistente.
El regreso también cansa
Volver a la rutina implica readaptarse a horarios, obligaciones y exigencias en poco tiempo. Muchas personas regresan un domingo por la noche y el lunes ya deben rendir al máximo. “No damos espacio a una transición. Ese regreso brusco también agota mentalmente”, indica el psicólogo.
¿Cómo lograr un descanso real?
Para evitar volver más cansados, Pajés recomienda cambiar la mirada sobre el descanso. No se trata de hacer más cosas, sino de hacer menos y mejor. Algunas claves son:
• Reducir la sobrecarga de actividades y aceptar no “aprovechar todo”.
• Establecer límites claros con el trabajo y la tecnología.
• Dormir bien y respetar los ritmos biológicos.
• Incorporar momentos sin estímulos: caminar, descansar, no hacer nada.
• Dejar uno o dos días de adaptación antes de retomar la rutina laboral.
“Descansar no es producir bienestar a la fuerza, sino permitir que la mente se detenga. Cuando eso ocurre, el cuerpo acompaña”
psicólogo clínico Alfred Pajés

