Obispo alerta sobre falta de entusiasmo en los jóvenes por un sistema rutinario y pesado

Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, cuestionó con dureza la apatía, la mediocridad y la falta de convicción que están debilitando el compromiso personal y colectivo, especialmente entre los jóvenes.

El obispo de Caacupé, Ricardo Valenzuela, cuestionó con dureza la apatía, la mediocridad y la falta de convicción que —según afirmó— están debilitando el compromiso personal y colectivo, especialmente entre los jóvenes.

Advirtió sobre la falta de entusiasmo que termina alejando a los jóvenes. Según señaló, sin una experiencia profunda que motive, todo se vuelve rutinario y pesado. “No conocemos lo que significa ser atraídos”, afirmó.

Durante su homilía en la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, el prelado se preguntó por qué la fe —y por extensión los valores— parecen perder fuerza en la vida cotidiana. “¿Por qué la fe está en caída? ¿Por qué el aburrimiento? ¿Por qué la fatiga para cumplir nuestros compromisos?”, planteó ante los fieles.

Valenzuela sostuvo que cuando las acciones se realizan solo por obligación, el resultado es mediocridad. “Lo que antes se hacía por obligación, ahora debería hacerse por atracción”, expresó, comparando la motivación auténtica con la experiencia del enamoramiento, que transforma actitudes y prioridades.

En uno de los pasajes más concretos, criticó la cultura del mínimo esfuerzo. “Hoy presentamos trabajos ‘vai vai’, sin calidad”, dijo, cuestionando la normalización de la improvisación y la falta de excelencia en distintos ámbitos.

Su respuesta apuntó a una vivencia superficial que no genera convicciones profundas. “Presentamos un Cristo impersonal, lejano, que no nos inquieta”, afirmó, al señalar que muchas veces todo queda reducido a una declaración teórica sin impacto real en la conducta.

“El problema es que vivimos un cristianismo sin Cristo”. Con esa frase contundente, el obispo de la Diócesis de Caacupé, Ricardo Valenzuela, lanzó una crítica directa a la falta de autenticidad y compromiso que, a su criterio, atraviesa hoy a la sociedad.

En el contexto del Año Jubilar Franciscano, recordó la transformación de Francisco de Asís como ejemplo de coherencia y radicalidad. “Escuchó un llamado y su vida cambió completamente”, relató, destacando que los cambios verdaderos comienzan desde el interior y luego impactan en el entorno.

Finalmente, citó una frase atribuida al santo: “El amor no es amado”, para describir lo que consideró una actitud generalizada de indiferencia.

El mensaje cerró con una advertencia clara: sin convicciones firmes y sin pasión auténtica, las prácticas se vacían de contenido y la mediocridad se instala como norma en la vida personal y social.

Fonte: Ultima Hora