La sobrecarga emocional es una realidad en la vida de muchas mujeres paraguayas, ya sea a causa de la precarización económica, la crianza unipersonal, el incumplimiento de la prestación alimentaria, la violencia intrafamiliar y mucho más. Estos rasgos, suelen arrojar signos de alerta que no deben de pasarse por alto.
Ayer, en este medio se hizo mención al caso que conmocionó a toda la ciudad de Lambaré, y que tiene que ver con el hallazgo de una madre de 26 años, y su hijo menor, sin signos de vida; ella colgada a una viga y el pequeño de 7 años recostado en la cama, cubierto con una manta.
Aunque la investigación todavía sigue su rumbo y sería un nuevo caso de filicidio, se conoce que la mujer había denunciado a su expareja por supuestamente haber abusado de su propio hijo. Al no encontrar respuesta por parte de la justicia, según lo expresó en una carta que dejó, decidió acabar con su vida y la de su retoño.
Ahora, este penoso suceso desnuda una de las problemáticas más comunes en el país, y que tiene que ver con la situación de mujeres que viven con sobrecarga emocional, ya sea por la crianza de hijos en soledad total, con ausencia del padre, en medio violencia, aprietos económicos y muchos otros factores que llevan a la ansiedad y otros trastornos mentales que a veces, incluso puede llevar a desenlaces como el ya mencionado.

Sufrimiento invisibilizado
Araceli Delvalle, psicóloga y psicoterapeuta, en conversación con este medio explicó que, este tipo de casos no pueden analizarse únicamente desde el impacto del hecho en sí, sino también desde las múltiples dimensiones sociales, emocionales y estructurales que muchas veces atraviesan la vida de numerosas mujeres y madres en silencio.
“Muchas mujeres en la actualidad sostienen simultáneamente el rol de cuidadoras, proveedoras económicas, responsables del hogar y soporte emocional de toda la familia, mientras atraviesan altos niveles de agotamiento físico y psicológico”, empezó mencionando.
“La maternidad, socialmente idealizada, muchas veces invisibiliza el sufrimiento psíquico de las madres. Existe una expectativa cultural de que la mujer ‘pueda con todo’, minimizando señales de depresión, ansiedad, desesperanza o burnout materno. En consulta, es común escuchar frases como ‘tengo que ser fuerte’, ‘no puedo quebrarme’ o ‘nadie me ayuda’, incluso en contextos de extrema vulnerabilidad”, agregó.
De esta manera, cuando una persona permanece durante largos períodos bajo estrés crónico, trauma, soledad extrema o violencia, pueden aparecer estados de colapso psíquico severo, especialmente si no existen espacios de contención, acompañamiento terapéutico o redes comunitarias.
Prevención
Por todo lo mencionado más arriba, es que desde la psicología, según explica la profesional, resulta fundamental hablar de prevención y no solo de reacción posterior a las tragedias.
“Muchas veces los signos previos existen: aislamiento, agotamiento extremo, desesperanza, llanto frecuente, sensación de fracaso, ideación suicida, expresiones de no poder continuar o profunda desconexión emocional. Sin embargo, estos indicadores suelen ser minimizados o romantizados bajo discursos de ‘sacrificio materno’”.
“La maternidad, socialmente idealizada, muchas veces invisibiliza el sufrimiento psíquico de las madres”
Araceli Delvalle, psicóloga y psicoterapeuta
“Actualmente, en Paraguay, el alto índice de crianza uniparental sostenida principalmente por mujeres, evidencia una problemática estructural que requiere abordajes interdisciplinarios y políticas públicas más sólidas. No se trata solamente de salud mental individual, sino también de condiciones de vida, acceso a apoyo psicológico, corresponsabilidad parental y protección efectiva frente a la violencia”.
Finalmente, la psicóloga recordó que como sociedad, también es necesario devolver humanidad a estas conversaciones. “Detrás de muchas madres existe una mujer agotada, sola, invisibilizada y emocionalmente desbordada, intentando sostener vínculos, economía y afectos con recursos muchas veces insuficientes”.
“Hablar de salud mental materna es hablar de prevención, acompañamiento y responsabilidad social colectiva. Escuchar a tiempo puede salvar vidas”.

