Los medicamentos que actualmente están de moda, como ser Tirzepatida, Ozempic o Liraglutida, que reducen el apetito de forma significativa y ayuda a perder peso, parecieran ser mágicos, logrando una pérdida del 15% al 22% del peso corporal. Ahora, ¿qué sigue una vez que se abandonan estos medicamentos?
Primeramente, vale explicar que estos medicamente son conocidos como GLP-1 (Péptido Similar al Glucagón tipo 1), pues el GLP-1 es una hormona producida de forma natural por el intestino delgado tras comer, cuya función principal es regular el metabolismo, los niveles de azúcar en la sangre y el apetito.
Así, estos fármacos, lo que hacen es imitan la hormona en cuestión para tratar afecciones metabólicas, ralentizando el vaciado gástrico, provocando que los alimentos permanezcan más tiempo ahí y prolongando la sensación de saciedad.
Además, envían señales directamente al hipotálamo en el cerebro, para disminuir la sensación de hambre, los antojos de comida ultraprocesada y el denominado “ruido alimentario”. Y finalmente, estimula la producción de insulina tras ingerir carbohidratos, lo que ayuda a reducir la glucosa en la sangre, por ello, es muy recetada para el control de diabetes tipo 2.
¿Por qué ocurre la reganancia?
En el tratamiento para pérdida de peso, estos medicamentos suelen rectarse, ya sea una vez por semana, en algunos casos; o uno por día, en otros. La idea es contar con ellas hasta que la persona alcance un peso ideal, o cerca del ideal. Sin embargo, los estudios clínicos han demostrado consistentemente que la interrupción de los agonistas GLP-1 generalmente resulta en recuperación del peso perdido.
Esto ocurre porque estos fármacos no curan la obesidad ni alteran permanentemente los mecanismos metabólicos subyacentes; más bien, proporcionan soporte farmacológico continuo para el control del apetito y el metabolismo.

Estrategias claves para mantener el peso tras del tratamiento
Para mantener los resultados tras dejar un tratamiento con GLP-1, el enfoque principal debe ser consolidar hábitos de estilo de vida sostenibles. Según los profesionales en medicina, la clave es evitar la pérdida de masa muscular durante el proceso y establecer una rutina que regule el apetito de forma natural.
-Priorizar el entrenamiento de fuerza: Levantar pesas o hacer ejercicios de resistencia al menos 3-4 veces por semana es fundamental. Esto ayuda a conservar y construir masa muscular, lo cual mantiene el metabolismo activo y evita que el peso recuperado sea principalmente grasa.
-Aumentar el consumo de proteína: Asegurarse de incluir una fuente de proteína magra en cada comida principal (pollo, pescado, huevos, legumbres, tofu o lácteos). La proteína aumenta la saciedad y es el bloque de construcción necesario para mantener el músculo.
-Adaptar el volumen de las comidas: Llenar la mitad del plato con vegetales ricos en fibra, que aportan volumen y pocas calorías. Combinarlos con grasas saludables (aguacate, aceite de oliva, nueces) para mantener estables los niveles de azúcar en la sangre.
-Monitorear el peso regularmente: Pesarse una vez a la semana o cada 15 días. Esto permite detectar pequeñas variaciones (por ejemplo, un aumento de 2 a 3 kg) y hacer correcciones inmediatas en la dieta o actividad física antes de que el problema sea mayor.
-Buscar apoyo profesional: Mantener consultas periódicas con un nutricionista o dietista que ayude a gestionar las porciones y a crear menús equilibrados sin depender de la medicación.
Es muy importante nunca olvidar que, al suspender los medicamentos GLP-1, las señales naturales de hambre y saciedad del cuerpo vuelven a activarse. Si no se han aprendido nuevos hábitos alimentarios y de ejercicio durante el tratamiento, es muy fácil volver a consumir más calorías de las que el cuerpo gasta.

